Tuesday, December 01, 2015

DONDE NACE EL AGUA: EL PARAMO: LEISA.

El páramo, donde nace el agua

VOLÚMEN 31, NÚMERO 3
Nunca había hecho el camino de medio día desde San Isidro hasta el páramo, aunque escuchaba sobre él casi todos los días. La gente hablaba de su belleza, de sus lagos y manantiales calientes. Valles profundos, ríos y montañas de 4 500 metros. Sus historias, su clima frío y sus paisajes espectaculares, las luchas por poseerlos y protegerlos. En los Andes centrales de Ecuador, la comunidad indígena de San Isidro posee de manera colectiva 1 060 hectáreas de estas tierras altas, caracterizadas por montañas accidentadas y pastos tipo paja. El área es conocida por su nombre quechua, Chaupi Urco Chilca Tingo.
Es un lugar donde las acciones colectivas se han intensificado tanto en forma como en escala, desde que fuera terminado el canal comunitario de irrigación en 2010, cuyas fuentes de agua provienen de dos pequeños ríos. Este proyecto de infraestructura compartida se ha convertido en el centro de la vida comunal; construido mediante trabajo voluntario y cooperativo, su mantenimiento se lleva a cabo bajo similar tipo de participación. Su puesta en operación ha transformado los suelos de San Isidro, que de semiáridos pasaron a ser a ser una posibilidad para la agricultura a escala familiar. La conservación del páramo es ahora otro centro de acción de la comunidad, al lado de las actuales campañas por los derechos a la tierra, justicia hídrica y protección ambiental. Porfirio Allauca ha ayudado a facilitar un proyecto comunal para llevar alpacas de regreso al páramo, reintroduciendo animales adaptados para pastar en dicho lugar, lo cual representa un paso más hacia la preservación del páramo. Él describe esta tierra como una fuente de vida, no solo para San Isidro sino para la sociedad en su conjunto, ya que el páramo es “donde nace el agua”.
El ecosistema del páramo se extiende a través de los Andes norteños. En Ecuador, las montañas del páramo son conocidas por formar parte de un ecosistema de almacenamiento de agua, una fuente indirecta de agua para la mayoría de la población urbana y rural de todo el país, especialmente de las regiones de la sierra (Vásconez, 2002). Se dice que funcionan más o menos como una esponja gigante, absorbiendo la lluvia, almacenándola y liberándola gradualmente. Se calcula que las tierras del páramo pueden producir un litro de agua por día por metro cuadrado y que, en Ecuador, el 85% de las fuentes de agua que se usan como agua potable, para sistemas de energía hidroeléctrica y para irrigación agrícola, se originan en el páramo (Ruíz Orozco, 2009). Las montañas sobre San Isidro no han sido una excepción a esta riqueza de agua. En la caminata hacia el Chaupi Urco Chilca Tingo, se llega a la confluencia del Río Cuchiwasi y la Quebrada Condormatzay: en el inicio del Río Nagsiche empiezan las tuberías para agua potable de Pujilí, el pueblo mercado local.
La irrigación ha hecho posible una agricultura más segura y viable. Antes de que el ducto del páramo fuera construido, en San Isidro el acceso al agua para la agricultura estaba limitado por derechos históricos y acuerdos que favorecían a los grandes terratenientes frente a las comunidades relativamente pobres de San Isidro y áreas colindantes. Experiencia que es sentida y descrita por la Sra. Rosa, una agricultora de San Isidro: “Antes del sistema que tenemos ahora, nosotros teníamos que conseguir el agua por minutos. Con el transcurrir del tiempo ya no era solo la estancia o hacienda la que captaba el agua la mayor parte de los días de cada semana, lo que se obtenía se dividía entre todos los miembros de la comunidad, solo nos tocaban algunos minutos para cada uno por vez, eso era todo lo que había para regar, el lugar era seco, muy seco. Ahora podemos cultivar más, mucho más: incluso alfalfa para nuestros cuyes.”
Raúl Allauca, hermano de Porfirio, utiliza la irrigación a través de la parcela de su familia, que cubre un área de ladera de montaña particularmente empinada. Gran parte de esta tierra no había sido usada para cultivar antes del canal; desde que este estuvo terminado la familia ha construido un sistema extenso de terrazas, maximizando su disponibilidad de tierra. Raúl y su familia ahora pueden producir mucha de la carne de oveja y cuy que requieren para su consumo, ahorrar dinero y reducir su dependencia de alimentos comprados fuera. Además del cultivo de forraje para un número creciente de animales menores, en muchos hogares la irrigación ha apoyado a una cooperativa comunal de alimentos, permitiéndoles a más residentes de San Isidro vender regularmente su producción en el mercado semanal regional de Pujilí.
La gran importancia del páramo no solo es local sino universal; es una fuente vital de agua y forma parte de los ciclos hidrológicos, y también representa un sumidero de carbono decisivo en los patrones climáticos más amplios (Hofstede y otros, 2003). Durante un tiempo se extendió un creciente interés en la conservación del páramo entre organizaciones de desarrollo. Dos ONG internacionales apoyaron proyectos en y alrededor de San Isidro (incluyendo fondos para la compra de 35 alpacas). Sin embargo, en Ecuador se viene comprobando el cierre de un número importante de oficinas de ONG regionales, particularmente aquellas con presencia en las tierras altas, por lo que los sistemas de autosostenimiento y cooperación para la producción, como los que encontramos en San Isidro, son más importantes que nunca, ya que fueron construidos sobre modelos existentes de organización comunal y trabajados con el movimiento indígena nacional.
El páramo es también un lugar de importancia histórica significativa. Durante la reforma agraria de los años 1960 y 1970, planteada para apoyar a las comunidades indígenas y rurales mediante la redistribución de la tierra, los propietarios de grandes estancias “redistribuyeron” la tierra que ellos usaban y valoraban menos. Esto incluyó el páramo; dado que estaba localizado a 20 km fuera de San Isidro, no era apropiado para la producción de cultivos y era un lugar relativamente inadecuado para que el ganado pudiera vivir y pastar. Durante años, el páramo fue “olvidado” y subvaluado. Como dijo Porfirio: “en aquellos tiempos, ellos (los terrateniente) entregaron esas tierras que les sobraban, que no les servían o que no tenían valor”. Él describe como un tipo de “justicia” que hoy en día se reconozca al páramo como una “fuente de vida” que brinda una nueva solución y vitalidad a la comunidad.
La importancia del páramo en San Isidro se refleja en muchos aspectos de la vida: en el trabajo que requiere su conservación, en los cultivos que sus aguas ayudan a producir y en el tejido social de San Isidro. Como parte de la cotidianidad del trabajo de los hogares y la comunidad y las continuas luchas indígenas, en el páramo se llevan a cabo celebraciones conmemorativas, evocando al paisaje como un símbolo de solidaridad. Para marcar la inauguración del canal, se colocó una placa cerca de su fuente en lo alto del páramo, en la que se agradece a los ancestros recientes por sus esfuerzos para adquirir estas tierras. La leyenda de la placa resalta el papel del páramo como lugar y como fuente de la acción comunal.  Sus palabras expresan esperanza en el futuro de San Isidro y del páramo en su conjunto: “este páramo, fuente de vida, que cuidaremos por siempre y hasta siempre”.
Tristan Partridge
Investigador en la Universidad de California, Santa Bárbara.
Doctor en antropología social por la Universidad de Edimburgo.
Ha trabajado con grupos de activistas rurales en La India, Sudamérica y Escocia.
2637 State St. Apt. U1
Santa Barbara, CA 93105 USA tel. +1 805 403 0933

Referencias

Hofstede, R., Mena, P., Segarra, P., editores, 2003. Los páramos del mundo: Proyecto Atlas Mundial de los
Páramos. Quito: Global Peatland Initiative/NC-IUCN/EcoCiencia.
Ruíz Orozco, F., 2009. Urkukuna: Los páramos. Quito: Instituto de Estudios Ecuatorianos & Latacunga: MICC.
Vásconez, P. M., 2002. Introducción, en Mena, P. y Ortiz, D., editores, El manejo comunitario de los páramos. Serie
Páramo 11. Quito: GTP / Abya Yala.
 

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